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NAVEGANDO ENTRE LA AUTORIDAD DE UN LÍDER Y EL PODER DE UN VILLANO. El líder y el villano están en cada uno. La lucha entre el poder y la autoridad es de todos. ¿Quieres acabar con los conflictos?

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LUCHA INTERNA DEL PODER Y LA AUTORIDAD

¿Cómo se manifiesta en la vida humana y la felicidad esta guerra interior?

 

Es característico del ser humano, albergar en su fuero más íntimo una guerra sin cuartel que le viene acompañando desde los inicios, que le divide y le debilita, que le hace daño y le hace sufrir, que le agota y le destruye, que ha provocado todas las guerras y que ha detenido la evolución de la especie. Me refiero a la lucha interna que se debate entre el poder y la autoridad.

Hombre y mujeres han hecho de todo para poder sentir la “sensación” de tener el poder sobre sí mismo y sobre otros;  se han lanzado a lo imposible para poder sentir  la “sensación” de tener autoridad sobre sí mismo y sobre otros.  Querer tener esa “sensación” de poder y autoridad no es lo mismo que tener poder y autoridad.  Toda sensación es un sustituto de lo real. La sensación se puede obtener de miles de maneras más o menos controvertibles o discutibles; pero la auténtica experiencia de poder y autoridad se obtiene de una sola manera, que es indiscutible; es a través del EMPODERAMIENTO, que es el proceso en el que un individuo recupera su poder mediante el surgimiento de la autoridad interna.

Tanto el poder como la autoridad son energías internas que están íntimamente relacionadas y se manifiestan espontáneamente en el exterior; en las situaciones, relaciones y en todo tipo de decisiones. Impacta de lleno en el día a día, en la vida, la salud y el equilibrio psicológico de una persona. Es lo que rige el funcionamiento de toda organización, institución, empresa o gobierno.

Pero para adentrarnos en este complejo entramado interno de un individuo, y que se proyecta en la sociedad toda, debo aclarar que no se puede confundir PODER con AUTORIDAD. El poder es lo que se busca, es un deseo;  la autoridad es lo que se tiene o no se tiene, y en la mayoría brilla por su ausencia. El poder es el objetivo; la autoridad es el camino por el que se puede acceder al auténtico poder. Un camino que por lo general es cuesta arriba, borroso y mal demarcado.

Es cierto que se puede llegar al objetivo sin atravesar el camino, este es el punto central del tema, la necesidad de saltarnos los procesos naturales y no querer atravesarlos ni pagar el precio que ello supone. Llegar a la cima de una montaña sin escalar no es lo mismo que llegar en helicóptero.  En ambos casos se podrán ver las mismas vistas, pero la profundidad interna de la visión será muy diferente, porque uno tuvo la experiencia de ascender por si mismo, mientras que otro fue puesto en ese lugar. La segunda opción es mucho más cara y rápida, así es como por lo general se accede al poder en la sociedad. Es por ello que se puede tener poder sin autoridad, pero es un poder nocivo y dañino que no permite la evolución de otros, sino el fortalecimiento del ego de quien ejerce este tipo de poder a costa del debilitamiento de otros.

No se puede tener autoridad sin además tener poder. La autoridad es la raíz y cimiento del auténtico poder.  Pero el poder sin autoridad es autoritarismo. Cuando no hay autoridad dentro tampoco la hay fuera. Y si no hay autoridad, no hay poder real, sino un pseudo poder que sólo se puede ejercer con imposiciones, amenazas, coacciones y manipulación. Los que mandan tienen poder, los que lideran tienen autoridad.

Primero está la autoridad, luego el poder. Es el orden natural. Autoridad es coraje. Se obtiene por muchos medios naturales, por ejemplo cuando el miedo no puede detenerte ante aquello que quieres y sientes hacer. La autoridad se reconoce y se respeta, el poder sin autoridad es una estrategia  política.

La pregunta que deambula históricamente más o menos consciente en la mente humana es: ¿Quién es el más fuerte? ¿Quién tiene la última palabra? ¿Quién manda? ¿Quién está por encima?…  ¿tú o yo?  ¿Yo o el otro?   Pero estas preguntas no representan la esencia de la disputa interna del ser humano, ya que estas denotan que hay sólo una comparación entre uno y otro, que les pone a ambos en lugares diferentes que determinarán la manera de relacionarse.  Pero si profundizamos en las raíces de esas preguntas podemos acceder a una pregunta más precisa: ¿De quién es el poder?  ¿De lo externo o lo interno? ¿Es mío o tuyo? ¿Está en mi o fuera de mí? ¿El que tiene el poder, tiene autoridad? ¿Quién tiene autoridad?

A través de un proceso evolutivo muy complejo, yo he podido llevar la disputa al ámbito interno, dejando de lado lo externo para resolver esta situación dentro de mí mismo, por tanto la pregunta que siempre me hago es ¿Qué parte de mi es la que tiene el poder en mi vida?  Y la respuesta cambia constantemetne, pues depende en gran medida del nivel de autoridad que yo mismo haya desarrollado a cada momento.

En definitiva se llega a una pregunta más profunda y aclaratoria acerca de lo que nos está ocurriendo: ¿Quién es el dueño?   Pero… ¿dueño de qué?  De las decisiones, de la vida, de los estados de ánimo, de las reacciones y emociones. Estas preguntas revelan una necesidad de propiedad inherente en todo ser vivo, que se magnifica en el caso de la especie humana. El sentimiento de propiedad le da seguridad y le asegura la perpetuidad.

Un ejemplo en el aspecto práctico y psicoemocional: ¿Tú eres dueño de tu hambre, de tu sexo, de tus deseos, o ellos son dueños de ti?  La respuesta aclarará quien es el que tiene el poder en ti. Las decisiones y los actos son una consecuencia natural de lo que sucede dentro. Las personas que se dan cuenta y sienten que no tienen poder sobre su vida, padecen de un desgate interno que se somatiza a través de muchos tipos de enfermedades, patologías y desequilibrios. Incluso es una de las causas de gran parte de suicidios. Pero el problema no es por no tener poder sobre la vida, sino por no tener autoridad.

Este debate interno se manifiesta de muchas maneras y los más variados ámbitos. En el ámbito de la Ayahuasca, mucha gente la toma para fortalecerse, hasta el punto en el que este preparado vegetal no le pueda doblegar;  es una lucha de poder que se realiza justamente con una planta de poder, por ello este tipo de tomadores se nutren del poder de la Ayahuasca no sólo para fortalecer su cuerpo y su salud, sino también su ego.

Una vez que entra el miedo de ser controlado por algo externo surge automáticamente la necesidad de dominar en la mente humana; porque se activa la guerra interior, la comparación, y la terrible confrontación interna de querer tener el poder sobre lo externo, incluso y paradójicamente sobre la Ayahuasca también. Y quienes por lo general así lo formulan, creen que son los que mejor dominan o manejan esta medicina chamánica.  Aseguran “la ayahuasca ya no puede conmigo”  como si de un acto de fuerza y valentía se tratara.

He oído ciento de veces a algunos chamanes que dicen: “no me voy a dejar tumbar por la ayahuasca”;  cuando la toman luchan para poder mantenerse firmes y no decaer; o cuando ven a otra persona que está rendida, llorando o quebrantada a raíz del proceso que genera la ayahuasca, le dicen: “No ha podido aguantar, está débil, no tiene fuerza” y si a los chamanes les llega a suceder eso, se sienten vencidos y avergonzados. Evidentemente una percepción cultural que posiblemente a ellos les ayude, pero que en el contexto occidental es de poca utilidad por el hecho de que necesitamos rendirnos ante la fortaleza mental que hemos construido.

Justamente la recuperación del auténtico poder interior consiste en dejar que el poder ficticio que hemos creado sea vencido por una genuina autoridad externa.   La relación discípulo-maestro es básicamente de esto: obediencia consciente y entrega. Esta derrota para el ego, o mejor dicho “rendición”, es lo que crea el camino de la autoridad, un camino que estaba ausente en el psiquismo del individuo por no haber tenido un referente de autoridad sano y equilibrado, sino incluso distorsionado; y que a raíz de darse por vencido o entregarse, se abre un espacio interior en donde nacerá natural el poder, porque ya está recorriendo el camino.

EL PODER SIEMPRE QUIERE IMPONERSE SOBRE LA AUTORIDAD, PERO ES CUESTION DE SANAR ESTE ORDEN INTERNO PARA VOLVERNOS DUEÑOS DE NOSOTROS MISMOS.

Antes de iniciar este proceso del nacimiento de la autoridad interna, y la consecuente recuperación del poder, se libra una autentica pulseada entre las partes internas, la que se resiste y la que quiere entregarse; y esta disputa interna se manifiesta de múltiples maneras externamente. Por eso no dejo de sugerir a toda persona que se acerca a mí, y sobre todo a quienes colaboran conmigo, o con quién yo colaboro, que recuperen su autoridad interna para que pueda tener el poder que se necesita para una vida plena y feliz, en la que no son necesarios sumisos ni dominantes, en donde no son necesarias las ordenes  ni las imposiciones, sino solo el reconocimiento interno de la autoridad que a cada uno le compete. Esto es auténtico respeto entre partes.

Cuando cambien las relaciones entre los seres humanos, y se puedan mantener desde un centro sin turbulencias, en donde la presencia de la autoridad evita competencias y comparaciones, el mundo estará a las puertas de una gran transformación.

Si me lo permites, te sugiero que empieces por ti, por esas partes internas que luchan y te desgastan por no querer rendirse. Yo no tengo nada que ver con esa lucha interna tuya, solo me ocupo de la mía.

Este artículo continúa, y se transformará en un GRAN ARTÍCULO.

Alberto José Varela

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Alberto José Varela

Fundador de empresas y organizaciones; creador de técnicas, métodos y escuelas; autor de varios libros. Estudiante autodidacta, investigador y conferencista internacional, con una experiencia de más de 40 años en la gestión organizacional y los RRHH. Actualmente crece su influencia en el ámbito motivacional, terapéutico y espiritual a raíz del mensaje evolutivo que transmite.

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